El cine sonoro

La incorporación de fotogramas con color no fue la única revolución técnica que vivió el cine entre los años veinte y los treinta. En 1927, Alan Crosland estrenó su película en blanco y negro The Jazz Singer. Una obra en la que no se aprovechaban las ventajas del Technicolor, pero sí se cambiaba un aspecto esencial para otro de nuestros sentidos. Pasamos del cine mudo que caracterizó a Charles Chaplin a uno en el que los sonidos acompañaban a las imágenes proyectadas.

El avance técnico que lo hizo posible fue el Vitaphone, como se remarca en Sesión continua. Este sistema, auspiciado por Warner Bros y el estudio First National, permitía grabar bandas sonoras y textos hablados en discos que luego se reproducían al mismo tiempo que la película. Aunque precario, este dispositivo cambió por completo la industria, pero pronto fue sustituido por Movietone, inventado por Lee de Forest y comercializado por Fox a partir de 1927 con la producción de Sunrise: A Song of Two Humans. Este segundo sistema permitía grabar el audio directamente sobre la película, un logro que resultó ser un éxito hasta 1939 cuando, de nuevo, la innovación volvió a cambiar la industria con otro sistema implementado por  Edward C. Wente.

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